Los marae estaban dedicados a las actividades sociales, religiosas,
y culturales de un grupo, de una familia. Se han encontrado
innumerables vestigios por todas las islas de los archipiélagos de
Oceanía, desde los famosos “ahu” de la Isla de Pascua, hasta los marae
tradicionales de las islas de la Sociedad. Es aquí, sobre estas antiguas
plataformas donde se celebraban las ceremonias religiosas. Aquí es donde nació
la magia sensual del baile, y de donde surgieron los primeros cánticos polifónicos.
Es sobre estos marae donde tenían lugar las actividades físicas y deportivas en
honor de los numerosos dioses de la mitología polinesia. Es en estos lugares
extraños, tabú y cargados de misterio, donde se ejercía la justicia, donde se
practicaban los sacrificios, se gobernaba, donde se decidía y se reunían para
venerar juntos. Lugar clave de las actividades deportivas, de los encuentros
diplomáticos, del compartir ideas, el marae estimulaba los intercambios
culturales.
Se venía sobre todo para honrar a los dioses
y pedirles que influenciasen favorablemente a los elementos. Se
congregaban para rezar, cantar alabanzas y bailar, antes de las recolecciones,
los nacimientos, y antes de ir a la guerra para obtener la bendición de
los dioses. En la actualidad el culto pagano ha desaparecido, pero quedan los
marae. Todavía hoy existen cientos de marae a través de Polinesia.
Algunas decenas han sido restaurados y son utilizados para hacer
reconstrucciones históricas como en Arahurahu y Taata en Tahiti, o el mayor marae de Polinesia, Taputapuatea, el
gran marae sagrado, en la isla de Raiatea en el archipiélago de la Sociedad.
En la antigüedad los marae estaban consagrados a las actividades sociales
y religiosas de la comunidad. El fare pupu (lugar
de reunión de una aldea) y el fare tahua (la residencia de los sacerdotes)
estaban cerca del marae. El sitio más sagrado de este centro de rezos y
festividades era denominado el “ahu”. Los mortales no tenían acceso a
esta plataforma tabú. Solamente tenían acceso los tahua (los sacerdotes)
para encontrarse con las potencias del más allá, las divinidades, y los
muertos. Los marae estaban clasificados según varias categorías. En primer
lugar los que reúnen a los jefes de archipiélagos, y consagrados al dios de la
guerra, Oro. Es el caso del marae de Taputapuatea en Raiatea. A
continuación estaban los marae llamados nacionales, bajo la tutela de un gran
sacerdote, el tahua pure rahi y de un jefe importante, el ari´i. Se
celebraban ceremonias fastuosas durante las cuales el ari´i proclamaba el
poder absoluto de los dioses. Los sacrificios humanos eran corrientes. Seguidamente
venían los marae más pequeños, los marae mata'eina, que reunían a clanes de los
valles de alrededor, bajo la autoridad de un jefe de sector. Los marae de los
antepasados (marae tupuna) eran lugares santos familiares, reservados al
uso de un solo clan. Estaban construidos en terrenos privados de la familia, y
generalmente llevaban el nombre de ésta. También existían los marae sociales
(marae o te va'a mata'eina), reservados a quienes deseaban agruparse bajo
ideas comunes. Finalmente, la última categoría de marae estaba reservada a los
especialistas. Allí los sacerdotes-curanderos, los de la pesca, o los de la
construcción (piraguas, albañiles, etc,), ejercían su autoridad.
Marae Taputapuatea de Raiatea
Marae Arahurahu en Tahiti
Los tiki: representación de los dioses
Fue alrededor de 1400-1500 cuando realmente se declaró el arte de la
escultura, con la aparición de los primeros tiki de piedra. Originario de las Marquesas, el tiki, bajo diversas
representaciones, invadió todo el triángulo polinesio. Lo más frecuentemente se
les encuentra bajo la forma de estatuas, pero también suele estar presente en
la proa de las piraguas, en los bastones de los jefes, etc. También se
encuentran tiki en forma de joyas, tallados en marfil de cachalote e incluso en
hueso humano. Adorna los to'ere (instrumento), los umetes (platos esculpidos),
etc. No sólo se les encuentra en la escultura, sino también en el arte gráfico,
y en los temas de tatuaje. Es un personaje masculino, rechoncho y altivo,
enigmático y tranquilizador a la vez. Tiene los brazos cruzados, las piernas
flexionadas, la cabeza (echada hacia atrás) parece estar pegada al cuerpo, pues
no tiene cuello. Respecto a sus partes genitales, están particularmente
ensalzadas. Los arqueólogos encontraron la pista de los tiki por primera vez en
petróglifos muy antiguos. Estas piedras grabadas y pintadas solían representar
rostros con grandes ojos cercados por círculos concéntricos, la primera representación
de los dioses ma'ohi.
El la mitología polinesia había cantidades de dioses, cada uno de los
cuales con su función precisa. Para los
ma'ohi, los dioses y los humanos formaban en tiempos muy remotos una sola y
única sociedad. Los dioses tenían una apariencia humana, pero eran más fuertes
y estaban dotados de poderes sagrados: el mana y el ra´a. Cada dios tenía su
representación, animal, vegetal, o mineral. Se manifestaban de dos maneras bien
diferentes: los ata y los to'o.
El
ata, que significa el hombre o la nube, es un objeto corriente, elegido por el
hombre para simbolizar la encarnación del dios: una piedra, un árbol, un pez,
un pájaro, etc. El to'o es una representación fabricada por los mortales, una
piedra o un trozo de madera esculpido y dispuesto a la imagen del dios.
Casi siempre, estos objetos estaban adornados con plumas rojas y amarillas, las
marcas de la divinidad. Los tiki se han convertido en la herencia popular de
dichos to'o. Estas figuras esculpidas prestaban innumerables servicios a
sus poseedores. También poseían poderes de embrujamiento. Eran
utilizados, ya sea para vencer a un enemigo, o para protegerse de los
maleficios. Tenían su sitio en cada fare (casa) para velar por el bienestar de
la familia. También se les solía colocar en los marae consagrados a los espíritus.
En tales casos los tiki se situaban en el fare (casa) reservado a los
sacerdotes.
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| Tiki en museo de Paul Gauguin en Papeete |
Fuente: Tahiti Guide

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